Un dragón en domingo es feliz, claro, si la noche anterior fue medido en el comer y en el beber, entonces, madruga, disfruta del día, camina, olfatea, percibe sensaciones y carga baterías, dicho de otro modo, renueva la energía que gastó durante la semana. Los dragones que gustan de los domingos, se sientes plenos en contacto con la naturaleza, son amigables con otras especies y visitan lugares nuevos, porque son curiosos e inquietos, con excepción del calor desmedido o una lluvia torrencial, y entoces prefieren quedarse y ver cómo cae el agua desde el refugio.
Hay domingos que no hacen nada, sólo permanecen en silencio, sólo duermen o tal vez buscan respuestas, esas respuestas que no llegan pero que les permiten seguir preguntándose y sólo así darse cuenta que están vivos, que no se extinguieron.

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